La sociedad inca formaba una pirámide en cuya cabeza se situaba el sapa inca o soberano, y la coya o esposa legítima de éste. Los estratos superiores estaban formados por la nobleza, mientras que la masa campesina ocupaba la base.
El “ayllu” era la célula fundamental en la organización de esta sociedad; se trataba de una comunidad formada por el conjuto de los descendientes de un antepasado en común; ellos eran los poseedores de la tierra que se repartían para su propio beneficio y manuntención. El “suyu” o territorio ocupaba por un ayllu comprendía tanto las tierras de cultivo y pastos como las “marka” o casas de los miembros.
La sociedad de cuzco, sin prescindir de loa ayllu, se organizó en función de la existencia de dos grupos humanos diferentes:
- El de los incas conquistadores
- el de los habitantes primitivos de la ciudad
Los incas tuvieron la tendencia a no mezclar su sangre, por esta razón se casaban con mujeres de suy propia estirpe, para asegurar el grupo conquistador. En algunas ocasiones los ayllu se rompían temporal o definitivamente al ser éstos la gran unidad tributaria.
La nobleza estaba formada por los “orejones”, nombre que se les dio por la deformación que estos hombres causaban en los lóbulos de las orejas al incrustarce en ellas grandes adornos circulares. Esta nobleza tenpia diferentes grados, pero fue minoría a pesar de la práctica de la poligamia. La primera generación del emperador formaba la nobleza de mayor categoría y se encuadraba en el grupo “collana”. Mientras que la nobleza local o provinciana, estaba formada por señores de territorios integrados en el imperio y colaboradores de la administración incaica.
Un grupo privilegiado fue el de las “aclla” o mujeres escogidas; éstas eran seleccionadas desde la pubertad entre las hijas del pueblo y eran educadas para realizar importantes misiones. Por espacio de cuatro años recibían una educación que abarcaba desde el perfeccionamiento del idioma y las artes domésticas, a la iniciación de los secretos de la religión, algunas de ellas eran destinadas a servir de esposas o concubinas de los nobles; otras eran designadas para los sacrificios religiosos, y el resto dedicaba su vida al cuidado de los templos y del culto estatal.
Los “mitimaes” eran un grupo de confianza que se regía por normas especiales y que tenían fines políticos y militares. Cuando un nuevo territorio se incorporaba al imperio inca, se trasladaba a ese lugar a los mitimaes con el fin de imponer las técnicas y difundir el modo de producción tradicional cuzqueño, aparte de garantizar la seguridad del terriotrio por medio del control de la población.
La gran masa del pueblo, los “hatunrunas”, era el motor del estado; quieres trabajaban para mantaner a las élites improductivas. La familia campesina era monógama y a sus componentes no se les dejaba cambiar de residencia ni el color de sus vestidos, ya que por medio de él podía averiguarse su origen. Éstos no tenían derecho a la educación.
Dentro de la masa del pueblo figuraba un grupo, llamado “yana”, que comprendía a los criados y siervos: su función consistía en desempeñar todos los cargos que el señor les mandara: el cuidado de los rebaños, de las haciendas, etc. A cambio, tenían cierta independencia y algunas compensaciones por parte de su señor.
En resumen, durante el periodo de su máximo esplendor, que se extendió entre los siglos XII y XIV d.C., la organización de la sociedad incaica era de tipo feudal. El jefe supremo era el “inca” o emperador, adorado por sus súbditos en calidad de hijo del sol.
Le asistía una rígida jerarquía de administradores subdivididos en castas, por lo que el emperador-dios estaba en condiciones de controlar a la totalidad de sus sumisos súbditos.
El inca era también el dueño absoluto, custodio y titular de todos los bienes del estado. Estos bienes solía dividirlos en tres partes, asignando la primera al dios-sol y, por consiguiente, a los sacerdotes; la segunda a sí mismo y a la corte, y la tercera a la comunidad o ayllu.
Las únicas personas eximidas de la obligación de cultivar la tierra eran los miembros de la nobleza.
El trabajo en los campos era muy duro, debido a que el territorio en el que florecía la civilización incaica se hallaba situado en una altiplanicie a 3 000 metros de altura. La necesidad de construir bancales para facilitar el cultivo del maíz y las papas, así como el número extremadamente reducido de aperos de labranza y el desconocimiento de la rueda por parte de este pueblo, nos da una idea de lo trabajoso que debía ser la vida de los incas.